miércoles, 3 de septiembre de 2014

Otra forma de encontrarse

BOOM. 

El impacto del pequeño pero efectivo cóctel molotov le había hecho caer e incluso perder el conocimiento durante unos momentos. Pero el despertar fue rápido, casi fugaz. Se incorporó con los ojos completamente abiertos y con una sensación extraña que no sabría determinar si le gustaba o le horripilaba. En cualquier caso, algo dentro de ella estaba creciendo, algo le estaba haciendo fuerte, como si de unos superpoderes se tratasen. 

"Mejor no pensarlo ahora" se decía.

Comenzó a andar. Tenía que continuar su camino, una explosión de la que había salido prácticamente ilesa no tenía porqué retrasarle tanto. Así, dándole vueltas a varias cosas, se encontró unos extraños seres que sin querer interrumpir demasiado su marcha, le dijeron:
 "Aprovecha lo que se te ha dado, de lo contrario, lo acabarás perdiendo"
Ni tan siquiera le dejaron preguntar, pues cuando ella fue capaz de reaccionar, ya estaban demasiado lejos. Reanudó su viaje con otro pensamiento en la cabeza. "¿Qué habrán querido decir?" se preguntaba. Largo era el trayecto que llevaba recorrido cuando se encontró una extraña escalera en mitad del camino. "¿Cuándo la habrán puesto ahí?" quién sabe, tal vez nunca había reparado en ella cegada por la alegría con la que siempre iba por aquel paraje. Lo más curioso es que no había nada que, aparentemente, la estuviera sujetando, sin embargo ahí estaba. Parecía algo descuidada, y, francamente, una escalera que lleva al cielo no inspira mucha confianza, pero, tal vez por el popurrí que en su mente habían creado los seres, la explosión, la impaciencia y la misma curiosidad, no tardó en subir.
Arriba había un camino bastante fino que parecía llevarle directamente a su destino. La escalera cayó. Así pues, sin mirar atrás, anduvo con pasos algo pausados pero decididos. No solo era fácil caer, sino que además, había una gran cantidad de monstruos horrendos. Eran como unos fantasmas que, aunque no podían causarle daño físico aparente, la iban debilitando conforme la atravesaban una y otra vez. El miedo la dejó paralizada, las lágrimas se le derramaban de puro desasosiego; los fantasmas parecían ganarle terreno y ella parecía cada vez más agotada. Harta del acorralamiento, se puso a correr, huyó intentando no caer, pero los fantasmas eran más rápidos. Mucho más, y no dudaron en seguir castigándole impasibles. De repente, las palabras de los seres hicieron eco en su cabeza y como si a una descarga se hubiera sometido, paró cargada de coraje, dispuesta a luchar contra ellos y lo que es más, dispuesta a vencer. Levantó la vista, los observó desafiante y segura a la cara, a todos y cada uno, y, con un brillo ardiente y especial en su mirada, se dispuso a combatir. Esto no le llevó demasiado tiempo, como dicen, las apariencias engañan. Sin embargo, a pesar del "poco esfuerzo" que le supuso vencer, se sentía profundamente bien. 

Tras la pequeña intromisión, no fue mucho más complicado llegar. Y ahí estaba. Tras todo lo recorrido ahí estaba. A las puertas de su casa para hacer lo que tenía que hacer. Aquella casa a la que siempre había ido dando saltos de alegría y ahora apenas podía mirar. Aunque nadie le creyese, ella, por dentro se sentía fatal. Después de todo lo que había pasado, sabía que sería capaz, pero una cosa no quitaba la otra. Respiró hondo y llamó con decisión.

-Escucha, necesito que te marches de aquí. Creo que ya no deberías vivir más aquí, he llegado a pensar que tú has pasado más tiempo aquí que yo misma, y bueno, es mi casa. Puedes venir cuando quieras, invitado estás, pero no... no quiero que sigas viviendo aquí más. Toma las llaves de la tuya. Espero que lo entiendas.

El inquilino, recogió sus cosas, agarró las llaves enfurruñado y sin mediar palabra se marchó. Ella se quedó parada en la puerta un buen rato antes de entrar, y una vez dentro, se sentó directamente en el sofá pensativa hasta que escuchó el timbre. Cual fue su sorpresa al ver a los seres que, sin reparar en su perplejidad, pasaron tranquilamente. 

-¿Qué...qué hacéis en mi casa?
+Venimos a ayudarte a recoger. 
"¿A recoger?" se dijo para sí. Cuando quiso dar cuenta, lo que vio disipó toda duda. La casa estaba patas arriba y prácticamente vacía. Y ella sin darse cuenta...
-En realidad lleva así ya un tiempo, ya te lo dijimos, pero tú no nos hiciste caso.

Y así, comenzaron a recoger mientras pensaban en la nueva decoración.
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A veces pasa que, queremos tanto a una persona, le tenemos un cariño tan sumamente enorme, que no reparamos en todo aquello que, tal vez no es precisamente un aporte bueno para nuestra vida. No digo que no sea buena persona como tal, sino que no es la persona buena para ti. Ese amor que sientes hacia ella te ciega, hace que te entregues por entero a una relación que está condenada. A la gente le cuesta entender que no exista razón aparente para que esto ocurra; yo me di cuenta de una forma muy extraña, fue justo como lo describo: como una explosión en la que todo lo que no me encajaba, pasó rápidamente por mi mente como un tren que atropelló todo lo que hacía que continuase, que no era más que cariño; algo primordial para una relación, pero que sin ganas y demás, no "vale nada". He de decir que esto no ocurre así como así, pero pienso que hablar de los porqués es meterse en camisa de once varas que no vienen al caso. Realmente, esta historia no era más que una metáfora disfrazada que solo unos pocos (si llega) entenderán.
Y lo dicho, me encantaría saber la opinión de todo aquel que ha sido capaz de leer este tochaquísimo: críticas, opiniones del tema,... todo. Se que está flojilla en cuanto a expresión y encima es larguísima, por eso me extraña y a la vez estaré tan agradecida a la gente que lo lea...  
¡Un besico! :)

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