jueves, 25 de diciembre de 2014

"¿Dónde estará?"

Había una vez un niño que todas las tardes iba al parque a jugar. Se divertía en los columpios, en el tobogán... en todas partes y con todo el mundo. Era un niño feliz, que como cualquier otro no tenía ningún tipo de perturbaciones.

Un día de verano cualquiera en el que se encontraba comiendo la merienda, se le acercó un extraño pajarillo, que, con cierta cautela se comía las migajas que al joven se le iban cayendo. Éste, cuyo interés había sido totalmente captado por el animal, se le quiso acercar para tocarlo sin demorar en que éstos bichejos huyen a la mínima, y así se escapó bajo su atenta mirada. El chico volvió a su juego durante el resto de la tarde, mas al volver a casa, se acordó del llamativo ave. "Nunca había visto un pájaro así, era tan raro, tan distinto a otros que he visto... Ojalá esté mañana también." pensó. Y efectivamente, allí estaba de nuevo, arrimándose a los pies para picotear los restos de su bocata. Desde entonces, el chico esperó a que el ave se le acercase más y más hasta que un día consiguió que éste comiera de su mano. Se había ganado la confianza del animal hasta el punto en que llegó a posarse en su hombro e incluso atender a su silbido. Era genial jugar con el avecilla. Era, porque un día el joven se cansó de él y dejó de hacerle caso. El pájaro, fiel, se le acercaba de todas maneras, pero el chico, que estaba harto, dejó de darle migas e incluso decidió cambiarse de lugar para quitárselo de vista. Así, observaba desde ese nuevo sitio como cada día el pajarillo seguía acudiendo al mismo lugar buscándolo.

Pasaron los meses y, con la llegada del otoño, el chico dejó de acudir con la misma frecuencia al parque debido a que había empezado los estudios. Sin embargo, siempre que iba, lo veía sobrevolar el parque muy por encima. "Pero, ¿este pájaro no emigra o qué?" se decía. Y un día lo perdió de vista por completo. Si bien es cierto que se percató de su falta desde el primer día, también lo es que le supuso una buena noticia. O eso pensó. Los rutinarios días transcurrían y llegó de nuevo el verano. El muchacho comenzó a bajar con una alegría más palpable de la normal. Y es que en realidad, se acordaba mucho de su pequeño compañero al cual esperaba volver a ver aparecer después de tanto tiempo. Pero no fue así. Jamás volvió a ver al extraño pajarillo y jamás éste volvió a comer de su mano.


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Creo que no me equivoco si digo que, quien haya pillado de qué va el asunto, se ha sentido identificado, y es que en la vida nos vamos a encontrar con muchos jóvenes y muchos pájaros, es más, vamos a serlos nosotros mismos. ¿Cuántas han sido las veces que has pasado de una persona que luego has echado en falta? ¿Cuántas las que has acabado dando tu confianza a alguien que no la merecía o que quizá, no supo ver su valor a tiempo? Hay jóvenes que creen que siempre comerán de sus manos y pajarillos que siempre vuelven. En mi opinión, no es malo volver, siempre y cuando tengas un 99.999...% asegurado que merecerá la pena. Tampoco es malo "seguir ofreciendo migas" si has aprendido la lección y no es para darlas y quitarlas cuando te apetece. ¡Ah! por supuesto, jamás de los jamases debemos intentar enjaular, ni dejarnos enjaular. ¡Aupa la reciprocidad, hombre!  
A menudo me pasa que intento metaforizar y se me va de las manos, es por eso que acabo escribiendo abajo casi el doble para dar la explicación... en fin, confío en que al final aprenderé a resumir úù

PD: FELIZ NAVIDAD ;D


2 comentarios:

  1. Me he emocionado, es muuuuy precioso, en serio. Creo que soy el pajarillo, estoy segura de que lo soy. Me he sentido muy identificada, me has abierto, en parte, los ojos. Un relato precioso, me ha gustado mucho, no dejes de escribir jamais, por favor.
    Un beso desde los latidos de abril, te espero♥

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  2. tienes una seguidora más y también geminiana♥♀

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