jueves, 2 de julio de 2015

Otra vez tú

Eché la cabeza contra la ventanilla del autobús. El fin de semana había ido sobre ruedas, a pesar de ese pequeño miedo a lo desconocido que siempre acompaña a las nuevas experiencias. Agotada del día anterior, me puse las gafas de sol y cerré los ojos para dormir. O esa era mi intención hasta que comenzaste a aparecer tú. Tú y tus palabras que escupías como somníferos o tranquilizantes y que escondían -o pretendían esconder- unas desconcertantes segundas intenciones que, después de todo, guardaban otro doble fondo. Veía tu mirada entre tanto y mientras iba atando cabos acerca de tu cobardía e hipocresía que se me aparecían en forma de recuerdos como un tren pasa frente a la gente que lo observa desde la estación. Divagaba sobre tu capacidad para mentir y embaucar para un fin tan primitivo que disfrazaste aprovechando tu posición. Y no desde la mente de una chica pillada o enamorada ni mucho menos, sino desde la de una que, confundida, vuelve a decepcionarse al ver como, de nuevo, lo que creía, no era. 
Solté un leve suspiro nasal y miré el móvil.
"¿Ya has llegado? ¿Vas bien?" me preguntó mi amiga.
"No, aún no" contesté yo "Pero ya mismo".


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¿Existe mejor forma de liberarte que esta? quitando la violenta, no lo creo😌
Al igual que tampoco creo que mire esto como dijo que hacía. 
Has encontrado la forma de volver a salir aquí después de tanto tiempo ¿eh? 
Las personas siguen decepcionándome y yo cada vez me lo tomo con más filosofía
 porque el tiempo vale demasiado como para perderlo 
pensando en minucias que hablan solas. 
¿Espero equivocarme? sí. ¿Lo estoy haciendo? ya me enteraré, amigo mío.
Porque odio que me decepcionen,
pero sobretodo odio no entender.

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