viernes, 28 de octubre de 2016

Paseo por los Hemisferios

Estaba revisando cada una de las estanterías del almacén mientras paseaba como siempre, cuando noté que las luces parpadeaban. Lo percibí como algo normal, después de todo, el lugar no es que fuera muy actual que digamos. 
Tomaba notas de cada frasco y de su contenido. Los había de varios tamaños y formas. En la izquierda había unos tarros más opacos con colores fuertes entre los que destacaban el verde, el azul eléctrico, marrones,... algunos expulsaban burbujitas y otros hasta se veían algo traslúcidos. En la derecha, los envases eran más distintos entre sí; de hecho, no había dos iguales. Los había gorditos, alargados, retorcidos, en forma de muelle; de cristal, de plástico, de vidrio, de madera,... y en cuanto a los colores... eso sí que era algo insólito. Cada día veía cosas más extravagantes. Si hasta había un tarro que parecía contener una galaxia en miniatura. Ese era, sin duda, mi favorito. Solía quedarme un rato mirándolo. Ese y otro en el que parecía haber nubes que se movían lentamente. La palabra magia revoloteaba sobre mi cabeza al mirar cualquiera de los dos. Qué espectáculo, de verdad. 
Aquel día, no sé porqué, me dio por tocar el "tarro espacial", como a mi me gustaba llamarlo, y una especie de rayo salió del centro para unirse con mis dedos. Lo levanté y lo puse a la altura de mis ojos. Giré el tarro un par de veces. Vi como unas estrellas giraban sobre un eje invisible a cada vez más velocidad y me quedé como en shock.  No sé si ocurrió realmente o si fue cosa del subconsciente, pero por un momento sentí que las luces se apagaban y estaba sola con el tarro en mitad de una nada oscura. Probablemente fuera cosa de mi cabeza porque ese negro se convirtió casi sin darme cuenta en blanco y, al rato, estaba rodeada por un auténtico universo. No pude contemplar mucho más porque un terremoto me tambaleó devolviéndome a la realidad. Menos mal que fue algo leve. Dejé el bote en la estantería y lo observé sonriendo. Otro terremoto. Este me pilló peor y di un tropezón hacia atrás con tan mala suerte que tropecé y enganché uno de los tarros que había en la estantería de enfrente. 

CRASH

Vi cómo un bote negro y rotísimo expulsaba nubes púrpuras y grises y derramaba un líquido espeso y verdoso. Me eché la mano a la boca por si fuera tóxico y fui a por la escoba, la fregona y el recogedor para arreglar el estropicio. Cuando me puse a limpiarlo, encontré un cartelito entre los cristales en el que ponía "Rencor". Lo miré extrañada y seguí con mi labor. 
Desde entonces, mis compañeras están haciendo otra dosis de "rencor", pero por lo que se ve, les está costando. 

*  *  *
El tarro galáctico podría ser la esperanza y el terremoto, cualquier problema con alguien.
Hace tiempo que me cuesta tener rencor porque pienso que no merece la pena.
¿O será falta de amor propio? La verdad es que no lo sé.
En fins. Típica historia que publicaré y nadie leerá, así que bah, jajaja
Para quien lo haga, mil gracias; espero que te haya gustado :)

2 comentarios:

  1. Se llama aprender a disfrutar las cosas importantes de la vida. Y el rencor, desde luego, no es una de ellas, pequeña aprendiza de mago ;)

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  2. Sólo para quitarte energía.
    Un placer. Como siempre.

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